ADICCIONES Y CODEPENCIA: ¿QUIÉN SUFRE MÁS?

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El fenómeno de las adicciones no puede entenderse de manera aislada. Cada persona que desarrolla una dependencia a sustancias o conductas compulsivas vive inmersa en un sistema de relaciones que también se ve afectado. Entre ellas, la familia y, particularmente, las personas cercanas, suelen involucrarse en una dinámica de codependencia, en la cual se pierde la claridad de los límites y la vida gira alrededor del problema del adicto.

Esto plantea una pregunta profunda y difícil: ¿quién sufre más, el adicto o el codependiente? A primera vista, podría pensarse que el adicto es quien experimenta el mayor dolor, ya que enfrenta la compulsión, la pérdida de control, los efectos físicos y psicológicos de la sustancia, así como el estigma social. Sin embargo, la persona codependiente también padece una forma de dolor constante: vive atrapada en la angustia, la frustración y el desgaste emocional que supone intentar “salvar” al adicto sin lograrlo.

Este texto explora ambos lados del sufrimiento, sin pretender ofrecer una respuesta absoluta, sino mostrando cómo las dos realidades se entrelazan en un círculo que solo puede romperse a través de la conciencia, el acompañamiento profesional y la reconstrucción de vínculos saludables.

 

El sufrimiento del adicto

La adicción es reconocida por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad crónica y recurrente, caracterizada por la pérdida de control sobre el consumo y la compulsión a repetir la conducta a pesar de las consecuencias negativas. Quien vive en la adicción enfrenta múltiples formas de sufrimiento:

  1. Físico: los efectos nocivos de las sustancias dañan órganos vitales, generan abstinencias dolorosas, deterioran el cuerpo y pueden llevar a la muerte. En el caso de las adicciones conductuales, el impacto físico se refleja en el insomnio, la fatiga crónica o los trastornos psicosomáticos.
  2. Psicológico: la persona adicta experimenta culpa, vergüenza, ansiedad y depresión. A menudo se siente atrapada en un ciclo sin salida, donde la sustancia se convierte en su único alivio momentáneo y, al mismo tiempo, en su principal verdugo.
    1. Existencial: más allá del dolor inmediato, el adicto experimenta la pérdida de sentido de vida. Sus metas, sueños y proyectos quedan relegados por la urgencia de consumir. Se instala una sensación de vacío y desesperanza.

      Relacional: la adicción deteriora la confianza con la familia, provoca rupturas de pareja, conflictos laborales y aislamiento social. Muchos adictos cargan con el estigma y la discriminación, lo que aumenta la sensación de soledad.

    Desde esta perspectiva, podría afirmarse que el sufrimiento del adicto es más evidente y devastador, pues afecta todas las áreas de su vida. Sin embargo, el dolor de quienes lo rodean no es menor.

El sufrimiento del codependiente

La codependencia se define como una patología relacional, en la cual una persona centra su existencia en la vida, problemas y necesidades de otro, perdiendo de vista sus propios límites y bienestar. En el contexto de las adicciones, la familia, la pareja o los amigos cercanos suelen caer en esta dinámica, tratando de controlar, justificar o rescatar al adicto.

 

El sufrimiento del codependiente se manifiesta en varias dimensiones:

  1. Emocional: el miedo constante a que el adicto sufra una recaída, se enferme o incluso muera, genera un estado de ansiedad crónica. A ello se suma la frustración de ver que, a pesar de los esfuerzos, las cosas no mejoran.
  2. Psicológico: la persona codependiente tiende a desarrollar baja autoestima, sentimientos de culpa (“si hubiera hecho algo diferente, no estaría así”), depresión y una visión distorsionada de su papel en la vida del otro.
  3. Relacional: la codependencia afecta no solo la relación con el adicto, sino también con otros familiares y amigos. Muchas veces la persona se aísla, abandona su vida social o descuida a otros seres queridos para volcarse exclusivamente en el adicto.
  4. Vital: el codependiente puede llegar a renunciar a sus propios proyectos, sueños y necesidades. Su vida queda paralizada alrededor del ciclo del consumo del otro, lo que genera una sensación de vacío y pérdida de identidad.

De esta manera, el sufrimiento del codependiente, aunque menos visible, puede ser igualmente profundo y duradero.

 

¿Quién sufre más?

Responder a esta pregunta implica reconocer que tanto el adicto como el codependiente viven formas distintas de dolor, pero igualmente significativas.

  • El adicto sufre desde el interior: su cuerpo, su mente y su espíritu se ven invadidos por la compulsión y la pérdida de libertad. Vive atrapado en un laberinto donde la sustancia es al mismo tiempo su alivio y su condena.
  • El codependiente sufre desde el exterior: observa la autodestrucción de su ser querido y, en su intento por ayudar, se va consumiendo en angustia, impotencia y desgaste emocional.

 

Ambos sufren, pero en planos distintos. Mientras el adicto padece la esclavitud interna de la adicción, el codependiente soporta la esclavitud externa de la preocupación y el control.

Lo más importante es comprender que el sufrimiento no debe compararse en términos de “quién sufre más”, sino reconocerse como una experiencia compartida que necesita abordarse de manera conjunta. Tanto el adicto como el codependiente requieren tratamiento, apoyo emocional y procesos de sanación propios.

 

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