El adicto y su pulsión de muerte

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El adicto y su pulsión de muerte

La adicción no es simplemente “un mal hábito” o “una falta de voluntad”. Es una experiencia humana compleja que involucra el cuerpo, la mente y las emociones. Quien vive atrapado en una adicción se enfrenta a una fuerza interna que lo empuja hacia conductas destructivas, aun sabiendo que le hacen daño. En psicología, esta fuerza se ha descrito como la pulsión de muerte, un concepto que ayuda a entender por qué el adicto repite una y otra vez aquello que lo destruye.

Este texto busca explicar, de manera sencilla, qué significa esa pulsión de muerte, cómo se relaciona con la vida del adicto y qué caminos de esperanza pueden abrirse para transformar esa energía en algo distinto.

¿Qué es la pulsión de muerte?

El término proviene de Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis. Freud observó que los seres humanos no solo buscan placer y supervivencia, sino que también parecen tener una tendencia hacia la repetición de lo doloroso, hacia la autodestrucción. A esa tendencia la llamó pulsión de muerte.

  • No significa deseo consciente de morir. Más bien, es una fuerza inconsciente que empuja a repetir lo dañino, como si la persona buscara apagar la tensión de la vida.
  • Se manifiesta en conductas autodestructivas. Desde pequeñas acciones de descuido hasta grandes riesgos, como el consumo excesivo de drogas o alcohol.
  • Convive con la pulsión de vida. Todos tenemos ambas: una que nos impulsa a crear, amar y cuidar, y otra que nos lleva a destruir o apagar.

El adicto como prisionero de la repetición

La adicción es un ejemplo claro de cómo la pulsión de muerte se hace presente:

  • Repetición compulsiva. El adicto sabe que la sustancia o conducta le daña, pero la busca una y otra vez.
  • Breve alivio, gran costo. El consumo genera un instante de placer o calma, seguido de culpa, deterioro físico y emocional.
  • Círculo vicioso. El dolor que produce la adicción refuerza la necesidad de consumir más, lo que profundiza el quebrantamiento.

En este sentido, la adicción no es solo un problema de sustancias: es un modo de relacionarse con la vida, donde la pulsión de muerte domina sobre la pulsión de vida.

El quebrantamiento interior

El adicto suele experimentar un quebrantamiento emocional: una sensación de vacío, de falta de sentido, de incapacidad para sostener la vida cotidiana. Ese quebrantamiento es el terreno fértil donde la pulsión de muerte se instala.

Muchas adicciones nacen de traumas, pérdidas o heridas emocionales que no se han procesado. La sustancia funciona como un “parche” para no sentir el dolor, pero nunca lo sana. El adicto pierde contacto con sus deseos genuinos, con sus vínculos y con su proyecto de vida.

La pulsión de muerte en la sociedad

No podemos entender al adicto aislado de su contexto. La pulsión de muerte también se refleja en la cultura:

  • Normalización del consumo. Publicidad, fiestas y medios presentan el alcohol o ciertas drogas como parte de la diversión.
  • Entornos violentos. La falta de oportunidades, la exclusión social y la violencia generan desesperanza, que alimenta la pulsión de muerte.
  • Estigma. La sociedad suele juzgar al adicto como culpable, en lugar de verlo como alguien atrapado en una dinámica destructiva.

Así, la pulsión de muerte no es solo individual: se multiplica en ambientes que refuerzan la autodestrucción.

Caminos de esperanza: transformar la pulsión

Aunque la pulsión de muerte existe, no es un destino inevitable. El ser humano tiene capacidad de resignificar esa energía y orientarla hacia la vida.

  • Reconocimiento del dolor. El primer paso es aceptar el quebrantamiento, sin negarlo ni disfrazarlo.
  • Acompañamiento terapéutico. Psicoterapia, grupos de apoyo y programas de rehabilitación ayudan a elaborar las heridas y a recuperar la pulsión de vida.
  • Vínculos sanos. La conexión con otros, el amor y la solidaridad son fuerzas que contrarrestan la autodestrucción.
  • Creatividad y sentido. Transformar la energía destructiva en proyectos, arte, trabajo o servicio a los demás abre caminos de vida.

El adicto y su pulsión de muerte nos recuerdan que la fragilidad humana es real y que todos podemos caer en dinámicas destructivas. Pero también nos muestran que la esperanza existe: la pulsión de vida nunca desaparece del todo. Con ayuda, con vínculos y con conciencia, es posible transformar la repetición de la muerte en un camino hacia la vida.

La tarea de la sociedad es dejar de ver al adicto como un enemigo y reconocerlo como un ser humano que lucha contra fuerzas internas poderosas. Solo así podremos acompañar su proceso de recuperación y, al mismo tiempo, reflexionar sobre nuestras propias pulsiones de muerte y vida.

 

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